martes, 22 de marzo de 2011

Opinión Diario de Cádiz

ESTOS días hemos visto imágenes terribles procedentes del Japón: terremoto, tsunami, y explosiones en centrales nucleares. Sobrecogidos, hemos visto también la serenidad y el orden del pueblo japonés. Su fortaleza ha sido un ejemplo para todos nosotros.

Esa resistencia frente a la adversidad viene de lejos, como verán cuando sigan leyendo.

Francisco de Javier llegó a Japón en 1549. En un ambiente de tolerancia, los cristianos fueron creciendo hasta 1614 en que se desencadenó una terrible persecución, con miles de mártires. Japón se cerró a Occidente. El cristianismo parecía totalmente destruido.

En 1863 se obligó a Japón a abrir sus puertos al comercio con Occidente. Ese año llegaron los primeros misioneros franceses. Poco después, en Oura, junto a Nagasaki, construyeron la primera Iglesia católica del nuevo Japón.

El 17 de marzo de 1865 el padre Petitjean observó que un grupo de campesinos se acercaba a la Iglesia. Lo miraban todo, cuchicheaban entre ellos, y se iban en silencio. Volvieron días después, y hablaron al sacerdote.

Le preguntaron si le había enviado el papa de Roma. La respuesta fue "sí". Le preguntaron si estaba casado. La respuesta fue "no". Le preguntaron si veneraba a la Virgen María. El sacerdote les mostró una imagen de la Virgen y contestó que sí. Ellos le dijeron: "Esa también es nuestra fe".

Conmocionado, el sacerdote escuchó a esas gentes decirle que llevaban dos siglos y medio viviendo secretamente su cristianismo; que se bautizaban de padres a hijos; y que, sin sacerdotes ni sacramentos, vivían su fe en la esperanza que, como les habían dicho los mártires antes de morir, algún día llegarían nuevos misioneros a los que tenían que hacerles las tres preguntas que acababan de hacerle a él. Para ver si eran o no de la religión de sus padres.

Tal ejemplo de fe y de resistencia sobrecogió todo el mundo cristiano.

Que el coraje de aquellos japoneses de entonces siga acompañando a los japoneses de hoy, para hacer frente a sus necesidades. Así sea.

Diario de Mallorca

 El balance de víctimas por el terremoto de nueve grados en la escala de Richter que el pasado 11 de marzo sacudió la costa noreste de Japón ha ascendido a 9.079 muertos y 12.645 desaparecidos, según ha informado este viernes la Agencia Nacional de Policía.

Las víctimas pertenecen a un total de seis prefecturas, aunque las más afectadas son las de Fukushima, Miyagi e Iwate. Hasta el momento, los expertos forenses han practicado autopsias a 8.360 cadáveres, de los cuales 4.670 han sido identificados y entregados a las familias.

En la ciudad de Higashimatsushima, en Miyagi, han comenzado los preparativos para enterrar a unas mil personas en un terreno donado por el gobierno local. No obstante, el alcalde, Hideo Abe, ha indicado que se trata de una medida temporal, ya que en Japón lo habitual es incinerar los cuerpos, pero ahora no es posible debido al déficit de energía derivado de la catástrofe.

Otros gobiernos de esta prefectura, como los de Sendai, Kesennuma, Ishinomaki, Natori, Minamisanriku, Onagawa, Yamamoto y Watari seguirán el ejemplo de dicha ciudad, al igual que el de Kamaisji, en Iwate, según recoge la agencia de noticias japonesa Kiodo.

En cuanto al número de damnificados, se calcula que unas 310.000 personas han tenido que ser evacuadas, incluidos los vecinos de la central nuclear de Fukushima-1, que ahora se reparten en 2.100 refugios temporales de 16 prefecturas.